
Dirección
Francisco de Orellana, 170902 Quito
Teléfono
099 981 3101
Reseñas
Tuvimos un consumo de $120 primera vez en el restaurante la paella no es la gran cosa he probado mejores! Los mejillones vacíos Y me fui a ver el partido de Ecuador me gané una camiseta fui la primera en ganar y no me dieron el premio sino a otra persona … concurso amañado … nada serios !!!! Mala experiencia .
Desde los cócteles, a las entradas y la paella de matambre todo es rico, me encantó comer aquí! Los camarones en sus dos estilos se sentían frescos que me parece importante. El servicio es bueno, son bastante atentos y es lo que da ganas de volver ✨
Segunda creación del chef español Jesús Nieto, en un local luminoso y muy vistoso, bien decorado, moderno pero al mismo tiempo acogedor, en un entorno vegetal y con bonitas vistas a la frondosa vaguada del rio San Pedro, en pleno Cumbayá. Un personal amable, siempre atento y muy profesional se ocupa de poner en valor una cocina española tradicional pero replanteada con fundamento, para ofrecer su versión más moderna y atractiva. Cuenta además con una magnífica bodega con cientos de referencias de buenos caldos españoles, de bodegas clásicas y también de autor, a precios justos y razonables. El menú contiene un festival de sabores, en porciones generosas y bien presentadas. Ya en la mesa, abrimos boca con tostadas de pan untándolas con un aceite de tomate rallado, en su punto de acidez, y alioli casero. De los entrantes, perfectos para compartir, se destacan las croquetas de rabo de toro, excepcionalmente melosas, la tortilla de patata, los chipirones en su tinta, un salmorejo muy sabroso con multitud de tropezones de jamón serrano – aunque para mi gusto con exceso de ajo – , y unas almenas a la marinera. De los platos principales, un espectacular cochinillo lechal, asado y trinchado a la manera tradicional segoviana, usando el canto de un plato. Una delicia de piel crujiente y carne tierna como mantequilla. Un verdadero disfrute por el reencuentro con unos sabores tan auténticos a miles de kilómetros de distancia. Como postre, unas originales torrijas, suaves y refresca
Pedimos matambre y codillo de cerdo, el sabor delicioso y el emplatado a la altura del lugar, que por cierto debe ser de los pocos restaurantes en Quito que lo rodea un río y una quebrada espectacular, algo único. Lo único reprochable fue el servicio, habían 4 personas viéndose las caras y no fueron capaces de preguntar como estuvo la comida o si necesitábamos algo más. En todo caso si volvería al lugar.
La paella es espectacular. De igual forma, el Spritz Aperol. El matambre estuvo rico, pero su presentación y la de las papas fritas fue deficiente. La vista es bonita y el servicio de valet parking es excelente.
Reseñas de Google.